jueves, 9 de agosto de 2012

Sánchez Gordillo: un forajido en el Mercadona

Terror en el supermercado. Ahí viene el barbas de Marinaleda. Como si fuera un forajido del Oeste, su cartel con el letrero Wanted circula desde ayer al mediodía por todas las sucursales del imperio Hacendado de Juan Roig. Juan Manuel Sánchez Gordillo no iba con pasamontañas, ni tenía pinta de asesino. Se transformó en un falso Robin Hood andaluz. Mercadona era la víctima.

En el espectáculo de cartón-piedra del poblado del Oeste del desierto almeriense de Tabernas, Sánchez Gordillo podría entrenar su próximo asalto: el de un banco. Si quiere seguir con vida, lo único que le faltaría sería contratar un nuevo guionista para cambiar la secuencia final: el forajido acaba ahorcado. Ya lo adelanta el entrenador de baloncesto Manuel Comas: “El sheriff siempre gana a los malos”.

Anclado en un comunismo no sólo trasnochado, sino irreal, en el imaginario del alcalde de Marinaleda, Kennedy continúa revolcándose con Marilyn Monroe. A JFK aún no le han tiroteado en Dallas y le hace juegos de guerra a Nikita Kruschev con la crisis de los misiles de Cuba. ¿Qué haría Sánchez Gordillo ante un ataque preventivo de la URSS? El Telón de acero no cede. El Pacto de Varsovia triunfará ante la OTAN. No pasarán. Para él, Fidel Castro es el Sumo Pontífice del comunismo y Hugo Chávez, el sucesor querido. Que se sepa, no se ha pronunciado sobre el régimen de Corea del Norte.

En el escenario mental de Sánchez Gordillo la ocupación de tierras y fincas no sólo son necesarias, sino indispensables. Pocos podrían prever que los supermercados se convirtieran ahora en su nueva línea ideológica de negocio contra las barricadas del capital malignoque todo lo corrompe. A falta de un buen rescate e intervención de España, el parlamentario andaluz decide apropiarse él mismo del botín. Hay que dar dinero a los pobres, aunque sea de una manera ilegal, con allanamiento de morada a plena luz del día, zarandeando a las cajeras y con testigos por delante.

No pasa nada. El político tiene inmunidad parlamentaria. El hombre que está radicalmente en contra del pacto de Izquierda Unida con el PSOE para la Junta de Andalucía, seguirá gobernando el parque temático de Marinaleda, territorio nostálgico de otra época, donde nadie quiere hablar mal de Sánchez Gordillo y ni hay duda que estará más tiempo en el poder que el dictador Franco.

El camarada de Marinaleda no abandonará la hoz y el martillo. Seguirá asaltando caminos, como si fuese un bandolero-tuitero que mientras interviene Mercadonas y llena carritos de la compra, como si estuviera a punto de estallar una III Guerra Mundial nuclear, tuitea la última intervención de Chávez o le da un mamporrazo dialéctico a los eternos señoritos del cortijo andaluz.

La lástima para Sánchez Gordillo es que si hasta ahora era para muchos la última decencia de la izquierda, su asalto al hipermercado se puede convertir en su definitiva tumba como referente ético y moral de una ideología del pasado, igual de perversa, como se ha demostrado, que el capitalismo absoluto que tanto detesta.

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La Tinta de Verano de ayer. Con 393 comentarios, la más comentada de El Confidencial de las últimas semanas, de las comentadas del año. Aquí el link.

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