miércoles, 1 de agosto de 2012

‘House’: de Marivent a Lisboa

En la Fox veo a un tipo con barba descuidada, como tú el otro día; pata de palo, un viejo truhán/capitán que conduce una moto con publicidad de Repsol. Son las 22 horas y acabo de terminar otra jornada Millenium en el periódico verde de Can Granada; luego veo, desde la avenida Joan Miró de Palma, frente a los jardines de Marivent, no muy lejos de la guarida de Robinson Vallés, el primer capítulo de una nueva serie de televisión.

El artista británico Hugh Laurie ofrece un concierto (Efe).
 
El médico jamás lleva bata, su bastón se pelea con medio hemisferio y sus diagnósticos son demasiado falibles. Cuando los ojos piscina se ponen a cavilar, o es lupus o no quedará otra vez más remedio que acudir a la casa del paciente para tomar pruebas.

House. Hugh Laurie. El británico despistado de Sentido y sensibilidad, le da ahora por cantar. Más bien lo sabemos ahora nosotros. Después de acumular tantos dólares haciendo de doctor cascarrabias, Laurie ha venido a las Marbellas de la Starlite (hoy acaba su gira en el coliseo de Lisboa) a que nos enteremos que lo de actuar es algo muy digno para engordar su currículo monetario, pero lo que más le fascina es interpretar sus propias canciones.

A falta de una estrella más decente, bueno es un doctor decadente. Este Gregory House que pierde la memoria en el accidente del autobús delante de la esposa del doctor Wilson, su mejor amigo, ya no está para muchos trueques de artista. Cuando te acostumbras a sus modos de hombre hosco en las formas, pero que también se enamora y es capaz de volverse loco, ya no te lo puedes imaginar transformado en otro personaje. Sería cómo alucinar con Chu-Li, el mayordomo de Angela Channing, en el papel de psicópata en un gimnasio de boxeo.

Demasiado tiempo, Laurie. House era nuestra casa, el hogar de los cobardes que no aguantamos la sangre masiva  y que odiamos la estética de muertos malvivientes. Esos zombis de hospital millonario. Aquel hogar de la Fox que sólo veíamos en Marivent para escuchar qué maravilloso disparate se habría inventado hoy el guionista. Cántate otra en Lisboa. Y no te desfases con la vicodina, Greg.

Aquí el link de la Tinta de Verano.

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