Gil ganó las elecciones en mayo. Y ya ese mismo verano de 1991, la Tele 5 Mamachicho de Lazarov le contrató para “Las noches de tal y tal”. Gil hacía gracia. Verborrea fácil, descarado, directo, repleto de anécdotas. Rodeado de 11 chicas en bikini, el alcalde metido en el jacuzzi presentaba vídeos y daba discursos en lo que promocionaba su gestión como alcalde y se vanagloriaba de cómo la gente le mimaba durante la procesión de la Virgen del Carmen. “Esa gente que te besa o abraza, ese es mi pueblo de mi verdad. Los 300 millones de pesetas de El Dioni a mí no me preocupan, sino los que defraudan”.
Gil era un chollo para los medios de comunicación acríticos: ofrecía titulares y hablaba sin parar. Un charlatán compulsivo. Un periodista llegó a comentar a finales de los noventa: “Gracias a Gil hemos comido muchos periodistas. Cuando no esté Gil…”. El problema es que muchos reporteros no tuvieron problemas en dejar de criticar su gestión, a cambio de publicidad indiscriminada en sus medios o directamente beneficiado con favores personales. Un periodista (José Carlos Villanueva, de El Mundo), quien denunció siempre las tropelías gilistas, sufrió agresiones en la calle por parte de los simpatizantes del gracioso alcalde.
El alcalde quería empezar con un golpe de efecto fulminante: apenas un mes después de llegar a la Alcaldía, derribó la casa de Parra. La vivienda estaba fuera de la ordenación vial del eje principal de Marbella y sufría un expediente de expropiación iniciado en 1983. “Gil se hizo con Marbella cuando la ciudad vivía una grave crisis inmobiliaria: los jubilados británicos huyeron en tropel a finales de los ochenta después de que se hundiera la libra esterlina y, a la vez, les recortasen sus pensiones. La huida provocó un desplome de los precios, algunos promotores se arruinaron y quedaron en toda la costa un montón de edificios sin acabar”, escribía Félix Bayón en su columna de El País Andalucía del 14 de abril de 2002.
Para Bayón, la etapa de Parra no fue catastrófica, pero la ciudad sí estaba “bastante descuidada”, aunque Marbella siguió creciendo a ritmo lento, “sin abandonar la línea marcada por el pionero Ricardo Soriano: urbanizaciones dispersas, arboledas, muchos espacios libres…”. Demoliciones Gil se cargó la marcha en los bares del Paseo Marítimo. Gil empezó a limpiar las calles, a pintar de azul y blanco la mediana de la autovía, la N-340, construyó un arco blanco a la entrada del municipio, convertido en emblema musoliano del gilismo, igual que las estatuas rusas de Puerto Banús. También subió las tasas municipales de la basura, agua e IAE.
En el mismo vídeo de mayo de 1995, Gil no estaba muy seguro de revalidar la mayoría absoluta. Recuerda sus logros en la primera legislatura y critica a los que no aceptan sus formas. “Marbella estaba abandonada. Acepté el reto de transformar esta ciudad, con cuatro años más creo que la dejo la mejor del mundo, de vosotros depende… Ahora, aquí también hay muchos que exigen, pero dan poco, por lo menos que ayuden a que el proyecto siga adelante. Ni uno solo ha dejado de beneficiarse, ni uno solo. Las ideologías son el pretexto de los políticos fracasados para justificar eso, el fracaso”.
Rafael de la Fuente, mítico director del hotel del Villamagna de Madrid y de Los Monteros y el Don Carlos de Marbella, señala que Gil era un “encantador de serpientes”. “Era capaz de hipnotizar a una audiencia entera, sabía lo que la gente quería oír y cómo lo quería oír”, señala. “El mantra de la gente era este: ‘Todos los políticos roban’. Al menos este hace cosas”. “Ese fue el desastre”.
La Tinta de Verano que publico hoy en El Confidencial, en el día de mi 40 cumpleaños.
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