El martes volvimos a parlotear en El Palique. La tertulia política de Málaga TV la capitanea el periodista José María de Loma, columnista de La Opinión de Málaga y director de esta tele. En el primer encuentro estuvimos Enrique Benítez, delegado en Málaga de la Consejería de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía; Ildefonso Dell'Olmo, ex parlamentario del Partido Andalucista, y yo.
Es la única tertulia televisiva que sigue viva en Málaga capital. Ya ha fallecido La Tapadera, dirigida por Adolfo Arjona, en Popular TV (por culpa de una licencia que le negó injustamente la Junta de Andalucía), aunque se sigue emitiendo los lunes en la COPE. También acabó la tertulia que dirigía Teodoro León Gross en Canal Málaga, televisión local cerrada el año pasado, al igual que Localia (Domi del Postigo pilotaba una tertulia muy interesante).
Esta temporada Onda Azul, la televisión municipal de Málaga, no ha renovado el espacio Plaza Pública, que ha presentado con templanza y rigurosidad el periodista Fernando Leguina. Málaga necesita más espacio de debate para tratar los temas políticos más cercanos.
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viernes, 30 de octubre de 2009
jueves, 21 de mayo de 2009
Homenaje a Alejandro Rodríguez Carrión
Son los actos que mejoran la ciudad. Los que hacen comunidad, sentirte de un lugar donde tuviste un profesor que enseñaba, que comunicaba su saber con métodos socráticos y que era toda una lección de vida. El homenaje a Alejandro Rodríguez Carrión. Don Alejandro.Facultad de Derecho, 12 horas. Alejandro en letras grandes. El Aula Magna, al fondo del hall a la izquierda, subida una rampa. Todo está ocupado. Me siento al lado de los periodistas Olga Muñoz (Málaga TV) e Ignacio Castillo (La Opinión). El abogado Diego Martín Reyes, en las escaleras. Presidiendo el acto Carrillo Salcedo, su maestro. El discurso de un herma-amigo. "Alejandro tuvo una actitud contestaria, ponía en cuestión lo establecido, no lo establecido porque sí, sabía porqué protestaba y qué quería".
El rigor científico de la UMA. El profesor que innovó en métodos de enseñanza. El ethos, "la manera de situarse en la vida". Todo ello era Rodríguez Carrión, apunta Carrillo Salcedo. El hombre que aunaba el idealismo y el realismo. Un titular que ofreció a Ignacio Martínez, en una entrevista que dio a los periódicos del grupo Joly, en noviembre de 2008: "El nuevo orden mundial será tan injusto como el anterior".
Y es que Don Alejandro siempre sabía que lo suyo era intranquilizar a los acomodaticios, en una complejidad de pensamiento, de misión intelectual, siempre en defensa de los derechos de los inmigrantes y los excluidos.
Toma el turno Bernardino León Gross, secretario general de Moncloa, quien sabe que Rodríguez Carrión diría algo así cómo esto, echándose para atrás:
- ¿Por qué están ustedes tan serios?
- Lo único que ha pasado es que me he muerto.
Una entrevista, quizá, no lo recuerda exactamente León, en Sur. Sí, aquí está la entrevista que le hizo María Eugenia Merelo.
- ¿Cómo será el mundo dentro de 50 años?
- Perdóneme usted, pero me he dejado la bolita mágica en casa. Además, espero estar en otro lugar más cómodo.
Bernardino, quien trabajó en una tesis doctoral sobre el Derecho de intervención en labores humanitarias que dejó cuando se trasladó como diplomático a Argelia, recuerda que la relación de Rodríguez Carrión con el alumnado no acababa (jamás) cuando sonaba el timbre. "Tenía una gran preocupación de nosotros como personas. No se limitaba a exponer la asignatura, nos hacía disfrutarla y algunos nos enamoramos de ella y luego hemos tenido la suerte de aplicarla en su sentido práctico".
Málaga, una ciudad en los ochenta tan lejos del mundo, tuvo desde 1982 la suerte de contar con Don Alejandro como catedrático de Derecho Internacional Público. Aquel hombre nervioso, en la antigua Facultad de El Palo, recorriendo el pasillo de un lado a otro, mirando directamente a lo ojos, utilizando el método socrático (¿alguna pregunta?).
En 1983, recuerda León Gross, pintó Rodríguez Carrión un diagrama en la pizarra de clase. Los intereses de las personas que están en el mundo real. La mayoría de la gente piensa en el corto plazo. Sólo unos pocos piensan en el largo plazo. "Sería muy bueno", aportó, "que alguno de ustedes pensaran en el largo plazo". Su única fe fue la Universidad. Su amor platónico, el Derecho Internacional Público.
La hija de Rodríguez Carrión, que ahora vive en Tokio, quería jugar al baloncesto y el equipo del colegio no tenía entrenador. Así fue como el catedrático se transformó los fines de semana en el tipo que ordenaba defensa zona, ahora individual, presión en toda la cancha, cuidado con los rebotes... Pero un día dejó de hacerlo y se lo propuso a Bernardino. Con BLG el equipo iba de los primeros de la Liga femenina. Don Alejandro apareció una vez para ver un partido. Iban ganando 10 o 12 puntos arriba. Sin embargo, no estaba contento de la dirección táctica de León Gross: "Bernar, no tiene usted ni puta idea de baloncesto".
Era duro. Y eso le define muy bien, precisa el diplomático-amigo. Duro, pero también lleno de cariño y entrañable. Lo daba todo y lo exigía todo. Lo dice Bernardino, que no sacó sobresaliente, sino un notable, que a él le supo a poco. No había que temer (yo sí los temí) a los exámenes orales, apunta León Gross. Sólo había que temerlo cuando conducía. Rememora un viaje a Granada en coche. Don Alejandro que tenía la pasión de plantar árboles en un terrenito (en lugar más díficil). El hombre al que no le gustaba el sentimentalismo.
Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, fue su alumno en un posgrado en el curso 1994-1995, un año antes de acceder al equipo de Gobierno de Villalobos como teniente de alcalde y concejal de Urbanismo. Los casos prácticos de los que tanto se aprendía, esa personalidad "tan completa" y, apunta De la Torre, "un ejemplo a seguir y a imitar".
Magdalena Martín, la número 2 en el departamento, que me dio clases de Relaciones Internacionales en la Facultad, habla del "jefe". Ese liderazgo y magisterio que estableció con sus alumnos y compañeros, "con todos uns relación única y diferente, auténtica y plena de matices". "Él nos enseñó el respeto a los maestros".
Y Magdalena recuerda que en la lección inaugural del curso 1999-2000, Don Alejandro habló de su maestro Carrillo Albornoz con una sentencia soberbia: "Usted ha sido culpable de mis conocimientos e inocente de mis lagunas". Su sentido institucional "acusadísimo", porque él sabía que "las personas pasan y las instituciones permanecen, buscando siempre el bien común por encima de todo". Unos versos del poeta León Felipe. También de Mario Benedetti. Y la necesidad de huir del provincianismo de campanario.
José María Martín Delgado, ex rector de la UMA, amigo personal desde la infancia de Rodríguez Carrión. El profesor del rigor y la vehemencia, la exigencia. La última etapa, cuando sabía que se iba, que la enfermedad le jodía la vida, su independencia. Ya en silla de ruedas, seguía yendo a clase. Y atendía llamadas, como la mía, en aquel viernes de marzo. Marqué su teléfono. Su nombre ahora lo veo en la pantalla de mi móvil. Y su número: el 619-2....
Termina el acto, tras un vídeo emocionante con su espigada imagen y contundente voz. Veo a Javi Gómez, que escribió un magnífico reportaje sobre él (y lo mejor: en vida, así pudo disfrutarlo). Su saber ocupará tantos lugares de nuestro corazón y pensamiento... Domi del Postigo, amigo de Don Alejandro y de la familia, se quedó para saludar a Victoria, su viuda, que recibía cariños de antigos alumnos y compañeros.
Alguna vez soñamos con el profesor ideal. Lo tuvimos, qué fortuna la nuestra. Fue Alejandro Rodríguez Carrión.
jueves, 14 de mayo de 2009
Don Alejandro
La primera vez que entró en clase, en aquella Facultad de Martiricos (que parecía "panameña" Díaz Nosty dixit) todos nos quedamos callados. Delgado, muy alto y con una sonrisa elegante de hombre curtido y sabio. Venía de la Facultad de Derecho, era catedrático y acababa de ser (o también ejercía) de asesor del ministro de Asuntos Exteriores Carlos Westendorp. Nadie le llamaba de tú. Don Alejandro Rodríguez Carrión.Don Alejandro ha sido un referente absoluto. Sus exámenes eran durísimos, muy exigentes, que te hacían prepararte esa maravillosa asignatura llamada Relaciones Internacionales como si se tratara de unas oposiciones a juez. Eran exámenes orales. Los grababa en un artefacto que ya a mitad de los noventa era antiquísimo, pero muy efectivo por registrar el sonido y los titubeos de esos pipiolos de reporteros. Te enfrentabas a un tribunal (su equipo del departamento) y cantabas - si te lo sabías, claro- el tema de pie, delante de los compañeros.
Su magisterio y ganas de comunicar hacían de sus clases una enseñanza maravillosa. Recuerdo que te hacía interrogar muchas cuestiones internacionales. Desde la españolidad (o no) de Ceuta hasta por qué a la Comisión Europea se la llama sólo la Comisión o la importancia del Tratado de Roma o Maastricht (tengo una foto en un viaje Interrail posando con el letrero de la diminuta ciudad).
Cuando me fui de Málaga lo visité en su despacho de Derecho. "Me voy a Tokio", le anuncié, con indisimulada ilusión. "Espero que mis clases le sirvieran de algo, don Agustín, porque recuerdo muy bien que usted tenía mucho interés y hacía muchas preguntas, pero la verdad, siendo sinceros, usted no era de los mejores alumnos. Preciso mejor: no consiguió calificaciones brillantes en mi asignatura. Le deseo todo lo mejor. Suerte en su nueva etapa".
Siempre implacable, siempre riguroso. Don Alejandro tenía razón. El miedo escénico de sus exámenes fue una durísima prueba de fuego, que salvé in extremis, pero luego las veces en las que he hablado con mucho público delante, incluso con cámaras y micrófonos, me he acordado de esos exámenes que nos enfrentaba casi por primera vez en la vida a un auditorio exigente que te calificaba.
Tiempo después me lo encontré al salir del Teatro Cervantes. Don Alejandro sacaba de su chaqueta un cigarrillo y me preguntaba cómo me había ido por tierras niponas. Más tarde supe, una noche de Jueves Santo, que su yerno era japonés...
Hace año y medio asistí a una charla que dio Bernardino León Gross en el Ateneo. Don Alejandro le presentó. Yo ya había regresado a Málaga y otra vez escuchaba las disertaciones internacionalistas de Don Alejandro.
Regresaba, junto a Domi del Postigo, en el barco Ceuta-Algeciras. Le dije a Domi que esa misma tarde tenía que entregar un perfil para El Confidencial de Bernardino. "Quiero hablar con Rodríguez Carrión, pero aún no lo he localizado". Déjame que lo llame. "Ale, ¿qué tal estás?". Domi le había llamado. "¿Te acuerdas de Agustín Rivera? Fue alumno tuyo y está haciendo un perfil de Bernardino y quiere preguntarte un par de cosas".
Lo tengo apuntado en mi agenda. 27 de marzo, 16 horas: hablar con Rodríguez Carrión. Lo telefoneé. Estaba lúcido. Me dio un par de claves muy buenas del secretario general de Moncloa, discípulo y luego convertido en amigo. Sabía que desgraciadamente podría ser nuestra última conversación: "Y si no me recupero, esto de la vida ha estado muy bien". "Don Alejandro, he aprendido mucho de usted", le contesté. Siempre Don Alejandro, porque nunca se me olvidará que alguien de clase una vez le dijo: "Alejandro..." Y él, muy educado, pero muy contundente, dijo: "Todavía no he comido con usted".
Nunca comí con Don Alejandro. Jamás estuve en su casa. Pero disfruté, encandilado, a todas sus clases. Leía sus artículos en prensa y sus intervenciones en la radio y en la tele local. Don Alejandro murió anoche. Su cuerpo lo dona a la Facultad de Medicina, como Gerald Brenan. Don Alejandro sabe que su legado, como bien apunta Javi Gómez, está aquí.
Quizá algún día pasee por la Facultad de Martiricos esperando que sean las 12 de la mañana de los viernes para sentarme en el Aula 1 y escuchar de nuevo su sapiencia internacionalista. Don Alejandro habrá retomado sus clases...
sábado, 28 de marzo de 2009
Ceuta
Volví de Ceuta ayer por la tarde. La ida fue en helicóptero. En el aeropuerto me encontré a Pablo Aranda, Garriga Vela y Juan Bonilla. Se iban a Melilla para un encuentro de escritores. Poco después, aparecía Domi del Postigo, que habló en el V Congreso de Periodismo sobre la radio y su programa en la SER "A vivir Andalucía".
Me reencontré con buenos amigos (Raúl Llamas, Juanjo Coronado) y otro, Miguel Ángel Mendoza, mi hermano de sangre periodística, un lepero con alma de radio, que en los últimos meses lo ha pasado mal y que ya se recupera del dolor de perder a quien te ha dado la vida.
Ceuta es una ciudad con mucho encanto. El Paseo de las Palmeras, la vista del Puerto, el Poblado Marinero. En la Casa Trujillo nació mi padre, al principio de la calle Real. Esas dos torres y la escalera de caracol donde los ocho hermanos Rivera jugueteaban en los difíciles años de la Posguerra. Y mi abuelo Agustín, que era presidente de la Federación Hispano-Marroquí de Boxeo y Natación el tiempo que le dejaba el trabajo en la gestoría Plus Ultra.
Tengo que volver más a Ceuta, mi ciudad ADN, que muchas veces olvido. Una ciudad en la que un amigo impagable encontró el amor, un excelente trabajo y su lugar en el mundo.
Me reencontré con buenos amigos (Raúl Llamas, Juanjo Coronado) y otro, Miguel Ángel Mendoza, mi hermano de sangre periodística, un lepero con alma de radio, que en los últimos meses lo ha pasado mal y que ya se recupera del dolor de perder a quien te ha dado la vida.
Ceuta es una ciudad con mucho encanto. El Paseo de las Palmeras, la vista del Puerto, el Poblado Marinero. En la Casa Trujillo nació mi padre, al principio de la calle Real. Esas dos torres y la escalera de caracol donde los ocho hermanos Rivera jugueteaban en los difíciles años de la Posguerra. Y mi abuelo Agustín, que era presidente de la Federación Hispano-Marroquí de Boxeo y Natación el tiempo que le dejaba el trabajo en la gestoría Plus Ultra.
Tengo que volver más a Ceuta, mi ciudad ADN, que muchas veces olvido. Una ciudad en la que un amigo impagable encontró el amor, un excelente trabajo y su lugar en el mundo.
sábado, 20 de diciembre de 2008
Los Álamos
Salgo del Sanatorio Marítimo de Torremolinos tras ver a mi abuela, hospitalizada. Esta mañana muy despierta y queriendo salir de allí. "Quítame las zapatillas". "Ponme los zapatos".
El día luce como si fuese primavera en este otoño que parecía invierno en el Norte. Me sobra el chaquetón y el jersey. Una pareja patina por el Paseo a la altura del antiguo hotel Pontinental. A lo lejos se observa Málaga, la Bahía. Y nevada Sierra Nevada.
Me siento en el chiringuito Morales. Zumo de naranja recién exprimido y cuatro periódicos en la mesa. Escucho la radio. A vivir que son dos días. Domi del Postigo conversa con Pablo Aranda. Un sur de libros. Pablo habla hoy de libros de trenes. El final de Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos. Los cuentos de Ignacio Aldecoa. Una novela de Antonio Fontana, El perdón de los pecados. Domi recuerda la vocación viajera de Pablo, su Málaga-Calculta. Otro viaje a bordo del Transiberiano: Málaga-Beijing. "Pekín", precisa Del Postigo.
Prosigo mi viaje con Pablo escuchando ficciones de trenes y leo el obituario escrito por Felipe Sahagún de Mark Felt, Garganta Profunda, el fuente anónima más famosa de la historia. El hombre que ayudó a Woodward y Bernstein a desvelar el caso Watergate.
Apunto ideas en el colapsado bloc de notas del móvil mientras aprovecho que es la 1 en punto para tomar el sol, picajoso, solemne. Al lado se sienta una alemana que pide Bitter Kas con limón, calamaritos y chanquetes. "No, lo siento, están prohibidos", dice la camarera. Y la teutona dice ¡qué lástima! Ella toma el sol. Le acompaña un tipo que no parece ser ni su novio, ni su pareja. Tampoco su padre. Un hombre 20 años mayor que ella. Puede que sea su tío, imagino.
Continúa la sinfonía de sonidos, de audios de la radio. Un hombre, en los años 50 del siglo pasado, alquilaba una radio a una peseta la hora para escuchar los partidos del Club Deportivo Málaga o el Real Madrid de Di Stéfano.
Hamacas apiladas, gorriones trepando por las sombrillas que esperan 30 grados a la sombra. Un avión de Thomas Cook aterriza en el Aeropuerto. La alemana recibe una llamada. "No sabes qué sol hace aquí. Es increíble. Y me estoy tomando un carajillo. ¡¡Cómo no tenían cava!!". Ella se quita las botas, se queda descalza, se ajusta la coleta y se va la playa acompañada del misterioso hombre que no sé si será su tío o primo mayor.
Empiezan a calentarse los espetos. Al fondo un velero. Una niña se tira del columpio. Playa de los Álamos. Especialidades en paella y pescaítos. Lo anunciaba el servilletero: Gracias por su visita.
El día luce como si fuese primavera en este otoño que parecía invierno en el Norte. Me sobra el chaquetón y el jersey. Una pareja patina por el Paseo a la altura del antiguo hotel Pontinental. A lo lejos se observa Málaga, la Bahía. Y nevada Sierra Nevada.
Me siento en el chiringuito Morales. Zumo de naranja recién exprimido y cuatro periódicos en la mesa. Escucho la radio. A vivir que son dos días. Domi del Postigo conversa con Pablo Aranda. Un sur de libros. Pablo habla hoy de libros de trenes. El final de Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos. Los cuentos de Ignacio Aldecoa. Una novela de Antonio Fontana, El perdón de los pecados. Domi recuerda la vocación viajera de Pablo, su Málaga-Calculta. Otro viaje a bordo del Transiberiano: Málaga-Beijing. "Pekín", precisa Del Postigo.
Prosigo mi viaje con Pablo escuchando ficciones de trenes y leo el obituario escrito por Felipe Sahagún de Mark Felt, Garganta Profunda, el fuente anónima más famosa de la historia. El hombre que ayudó a Woodward y Bernstein a desvelar el caso Watergate.
Apunto ideas en el colapsado bloc de notas del móvil mientras aprovecho que es la 1 en punto para tomar el sol, picajoso, solemne. Al lado se sienta una alemana que pide Bitter Kas con limón, calamaritos y chanquetes. "No, lo siento, están prohibidos", dice la camarera. Y la teutona dice ¡qué lástima! Ella toma el sol. Le acompaña un tipo que no parece ser ni su novio, ni su pareja. Tampoco su padre. Un hombre 20 años mayor que ella. Puede que sea su tío, imagino.
Continúa la sinfonía de sonidos, de audios de la radio. Un hombre, en los años 50 del siglo pasado, alquilaba una radio a una peseta la hora para escuchar los partidos del Club Deportivo Málaga o el Real Madrid de Di Stéfano.
Hamacas apiladas, gorriones trepando por las sombrillas que esperan 30 grados a la sombra. Un avión de Thomas Cook aterriza en el Aeropuerto. La alemana recibe una llamada. "No sabes qué sol hace aquí. Es increíble. Y me estoy tomando un carajillo. ¡¡Cómo no tenían cava!!". Ella se quita las botas, se queda descalza, se ajusta la coleta y se va la playa acompañada del misterioso hombre que no sé si será su tío o primo mayor.
Empiezan a calentarse los espetos. Al fondo un velero. Una niña se tira del columpio. Playa de los Álamos. Especialidades en paella y pescaítos. Lo anunciaba el servilletero: Gracias por su visita.
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jueves, 6 de noviembre de 2008
¿Qué cambiará con Obama en el poder?

Javi Gómez, esta noche, en Localia TV Málaga: "Mi hijo nacerá pronto y verá un mundo mejor que el que tenemos ahora". Optimismo de uno de los periodistas más proyankis que he conocido (bueno, aunque él no lo cree, yo también lo soy, aunque no tanto).
El debate, moderado por Domi del Postigo, no ha decepcionado. Entra, vía telefónica, Alejandro Rodríguez Carrión, inolvidable profesor de Relaciones Internacionales e Instituciones Europeas en la Facultad de Periodismo.
Rodríguez Carrión advierte que los neocons están ahora de "descanso o siestecita", pero no derrotados. Reconoce el catedrático de Derecho Internacional Público que Obama consultará con sus aliados, pero no cree que en asuntos de Derechos Humanos, Medio Ambiente u Oriente Medio cambie mucho el panorama.
En Nueva York está, también por teléfono, Miguel Moreno, hermano de Salvador Moreno Peralta. Moreno lleva media vida en Manhattan. Es productor de TVE. No, no ha entrevistado a Obama, pero ha seguido muy de cerca toda la campaña. Los que hemos estado un par de veces en Nueva York (Moreno fue un excelente anfitrión de Javi hace seis años) sabemos que NY es un oasis liberal, que allí en Times Square, en Harlem o en el campus de la Universidad de Columbia, poco pueden hacer los republicanos y que incluso hay un grupo de republicanos que han votado a Obama. Veían el cambio esencial, vital.
Vicente Granados citada la última portada de The Economist: It's time. Y Mark Aldrich, democráta convencido, profesor de Dickinson College y ahora en el Curso de Español para Extranjeros de la UMA, avanza que lo mismo que Estados Unidos tiene ahora un presidente negro (¿no quedamos en que es mulato?) porqué no España podría tener un gitano como presidente o una mujer en Moncloa. Enrique Benítez, también ha seguido, desde la distancia, con mucho interés, las Primarias y la campaña estadounidense. Se define aficionado del marketing político y de los discursos obamistas.
La obamanía sigue imparable. Yo mismo, fascinado -aunque no cegado- por el personaje, por el político, por el ciudadano Barack Obama, quería escribir hoy un post sin Obama. Al final Obama entra hasta en la sopa. Y hasta en tertulias locales. Me di cuenta cuando debajo del nombre de Javi se señalaba: "Málaga Hoy-USA mañana". ¿Javi de corresponsal del USA Today? ¿Se va, ya, a Estados Unidos? Sabía, por el Facebook, que le gustaría fichar por su querida HBO, pero al menos que se despida. A él supongo que casi le gustaría que su niño fuese Born in the USA.
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