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lunes, 12 de julio de 2010

El Mundial alegre

Acostado en el sofá laloazul, la televisión LED sorprende con una derrota atolondrada. Empieza el Mundial. Suiza nos jode. Este año, como que tampoco. A pesar del fracaso, hay que darse una Alegría sin siesta. Sólo para abonados.

Hoy no podemos perder. Honduras. ¿Era El Salvador? La bandera roja ondea en el epicentro de Pedregalejo. Ganamos. Cruzamos la acera. Alitas de pollo, pollo, en el brasileño.

Contra Chile, a los Yelmo de La Cala. En Alta Definición. Sin 3D. Pasamos la primera fase. Grito ¡fuera, fuera! Aborrezco cómo ¿jugamos? los últimos diez minutos. La cúpula grita un eco nipón: “Nandayó!!!”. La chica de las chuches sirve fresones sin rebeldía. Allá ella.

El último partido juntos. Portugal. Villa triunfó. CR9 escupe a la cámara. Casi nos salpica. Bolivia huele a espetos ibéricos. Bocado.

Paraguay y Alemania en Arcadia feliz. Ya escribí un post. Los partidos con Jorgito/Piqué. Carlotilla se asusta. En cinco años la llevo a La Rosaleda. Waka, waka. Porque esto es Málaga.

La final en Mallorca. En la Petit Garden, en Illetas, me sorprendí en la noche deseada. Lorenzo Marina grita sin remedio. Un baño en el Sur del Moral con Lalorojo. Locos en la Plaza de las Tortuga de Juan Carlos I (el Borbónvent). El Populart de Javi insiste en sonidos ochenta. Las portadas de los periódicos en Internet arrojan sombras: tópicos de cine, obviedades de parvulitos. Esto no es Periodismo. Me acuesto campeón. Seguí la barca. Al fallecer la tarde, nueve días después, duelen los dulces alicates del éxito rojo.

jueves, 8 de julio de 2010

Mallorca y Piqué

Hace un rato que llegué a Mallorca. Escribo desde el Aeropuerto de Son Sant Joan, llamando ya a contactos de la Isla y leyendo la prensa mallorquina. Estaré aquí cuatro días y medio. Lo justo para trabajar un poquito, tostarme en alguna playa matrícula de honor y, sobre todo, para eso vengo, disfrutar la boda de Roberto Díez, un gran amigo que se casa con Mayte Amorós. El amor que nació en verano. En la redacción de Son Castelló de El Mundo de Baleares.

Me alojo en Illetas, en la casa de otro amigo (el incombustible reportero Lorenzo Marina, ahora en Diario de Mallorca). Su dacha goza de una terraza inmensa, casi tan grande como el interior, desde la que se divisa toda la Bahía de Palma. Lorenzo aún no conoce Málaga. Siempre dice que tiene muchas ganas de venir, pero nunca se decide. Yo al menos vuelvo una vez al año a la Isla.

Serán días emocionantes y divertidos. Aquí viví cuatro intensos años. También hace ya casi cuatro que me fui de Sa Roqueta para volver a Málaga. Hasta el lunes aprovecharé las excelencias de Mallorca.

P.D mundialista:

La hinchada del blog pide (casi exige) un post de La Roja. Aquí van algunas impresiones del partido de ayer. Lo vi en la casa familiar. En Arcadia. Con mis padres y mis sobrinos (Jorge y Carlota).

El padrino de Jorge le regaló por su cumpleaños una camiseta de España con el dorsal 3, el de Piqué. El niño gritó gol!!!! y se echó encima de mí (bueno, más bien yo encima de él); Carlota, que el 26 cumple un añito, se asustaba por el ruido y mis padres estaban rabiosamente felices por la victoria. Yo también.

Fue una alegría colosal. Ojalá el sueño del triunfo definitivo, el que cuenta para la gloria, se convierta el domingo por la noche, a eso de las 22.20 horas, en realidad palpable, sin discusión. Quizá, quizá, irrepetible. Veré el partido en Mallorca.

miércoles, 29 de abril de 2009

Javier Ortiz


Javier Ortiz ya no escribirá más columnas. Ni más Apuntes del Natural, uno de los géneros más fascinantes que jamás haya leído, una suerte de diario intemporal, con reflexiones humanas, profanas, sinceras, en los que daba claves del making of de sus artículos y cómo se llevaba con su familia y el periodismo.

Creo que nunca hablé con Ortiz, pero siempre sonreía y saludaba con un enérgico "¡Hola!" cada vez que nos cruzábamos (sin saber él nada de mí y yo mucho de él) en la primera planta de la redacción de EL MUNDO de la calle Pradillo. Su carcajada era tan sólo una décima de punto inferior en intensidad a la del inolvidable Félix Bayón. Sus textos, siempre bien cuidados y editados. Escribía editoriales de urgencia y entraba al trapo en el debate de ideas de las reuniones del Consejo Editorial de los lunes por la mañana.

Muere uno de los grandes de la columna, como he recordado esta tarde en la tertulia Síntesis, de Prensa FM, que pilotan Carlos Pérez Ariza y José María de Loma.

Aquí tres textos sobre Ortiz que dan excelentes claves de su faceta humana y profesional:

Carlos Sánchez, en El Confidencial.

Pedro García Cuartango, en EL MUNDO.
Roberto Díez, en su Bandolera.

viernes, 20 de febrero de 2009

Desgastar los zapatos, olvidar el móvil

Rescato del blog de Roberto Díez el post Desgastar los zapatos. Una entrevista publicada en El Periódico de Catalunya con Candido Cannavò, Premio Vázquez Montalbán de Periodismo y 20 años director de La Gazzetta dello Sport, el diario deportivo italiano más prestigioso.

Cinco joyas de una entrevista para enmarcar:

1) "Los periodistas deberían gastar más sus zapatos y olvidar el móvil".

2) "Hay que pisar la calle, salir, contactar con la gente, contar historias".

3) "No hay nada como un periódico para ser demoledor, contundente, eficaz en la crítica y, sobre todo, en la veracidad".

4) "Este trabajo es imposible hacerlo sin pasión, sin dedicación plena. Esto nuestro es una enfermedad: estamos poseídos por el periodismo".

5) "Lo más importante, insisto, es ser un apasionado de tu profesión, amarla, no más".

sábado, 14 de febrero de 2009

Reflexión

El periodista pucelano/mallorquí Roberto Díez Yagüe escribe un post que merece la pena leer y reflexionar. Roberto lleva seis años viviendo en Mallorca. Compartí con él grandes (algunas también duras) tardes de redacción, noctámbulos garitos y gratas conversaciones de periodismo y la vida. Es un gran amigo. Como a otros que no veo con la regularidad que me gustaría, le echo de menos.
Gracias a su blog puedo leer posts muy personales, bien escritos y con ritmo, como sus reportajes y entrevistas. Seguimos en contacto y eso a mí ya me vale mucho.