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sábado, 20 de marzo de 2010

La rubia de Nieto

- ¿Ha venido la rubia?- le pregunto a bocajarro.

- Pasopalabra- contesta.

Jesús Nieto no quería responder si había aterrizado su Estefanía. La rubia hiperpija, argentina, la rubísima de El año de la rubia, una rubia de bote ensimismada, esa rubia que dinamitó las noches madridís de la generación del botellón.

El "corazón desnudo literario" de Nieto (así lo entrecomilla Álvaro García en la presentación) gasta 24 otoños quiere dar una buena patada en el culo al jodido invierno que ha dinamitado pasiones. Nieto imitó la voz de Loquillo y del rey del tropezón en su estreno novelístico (85 páginas). Fue el viernes y allí medio centenar de almas bebieron literatura, enjuague de mortalyrosas bañado del pijoaparte Marsé de Últimas tardes con Teresa y el Soler de El Camino de los Ingleses. Nieto que palpa el tiempo, como Eugenio D’Ors.
- ¿El espanto puede dar lirios?- se preguntaba Umbral.
Versión Nietista:

- ¿Las calabazas pueden dar rosas?

Esta introspección de sus demonios interiores, una mezcla de géneros extraña, manierista, barroca, coherente consigo misma (según el autor), una literatura por la que siente rubor. Porque para Nieto escribir es un oficio de samurái (Dragó).

Aquel episodio fue un funesto presagio de todo cuanto fuese a acontecer el verano de la rubia, el del fin. El infierno iba a cercarme con su abrazo cotidiano. La muerte, la desgracia, el lado oscuro de la vida se esconderían tras las esquinas de mi calle, bajo mi cama en las noches insomnes, en los hielos de la copa de Estefanía o en cualquier rostro con que me cruzase una noche en la Merced.

El ciclista de Pedregalejo, ese periodista multisabio de tradición literaria-periodística, ya tiene novela. Escribe la dedicatoria con mayúsculas. No sé si tiene perro.

La rubia apócrifa brilló en el salón de fuego.
Y anduvo por Embajadores hasta dar con una pensión barata donde pudiera apuñalar metáforas…

sábado, 7 de febrero de 2009

Rock, seducción y sexo

Música de Silvia superstar, encantada de que su tocaya Silvia, Grijalba, pinche, como si estuviéramos en un bareto de Malasaña de la calle Pez o Espíritu Santo, su próximo disco, ése que aún se puede comprar en la tienda más cercana. Más de una hora (¿fue hora y media?) de actitudes dirty, de prelolitas, de salir a un escenario, el exhibicionismo, la seducción, "lo más parecido al orgasmo" (Silvia Superstar).

Los abuelos Stones (siempre que voy al Indiana me quedo un rato mirando la foto de la banda original, cuando eran pipiolos e insolventes, cómo soñaban con ser famosos) aparecen en este reunión de rockófilos irredentos (Instituto Municipal del Libro), como Sabino Méndez: "Buscando sólo diversión se consigue más que lo que uno imagina". Y Loquillo que le espetaba a Méndez: "¿Por qué siempre escribes de sexo y chicas?". "Ah, ¿pero existe otra cosa?". Algo parecido a lo que una tarde un periodista, recién llegado de cubrir un asesinato o una redada de droga, preguntó en la mitad de la redacción: "Ah, ¿pero existe el sexo gratis?".

Javier Ojeda, la voz de Danza Invisible, ahora con un programa de música en Canal Sur (hace 15 años los domingos en M80 Málaga), desvela que Sabor de amor, todo me sabe a ti... hablaba de unos labios que no eran precisamente los de la boca... No sé si se explica. La invitación a una comida más sabrosa que aquellos labios de frambuesa, la letra adolescente que oí una tarde pinchar a Antonio Martín Lupión en los 40 y que anoche me enteré, iluso yo, de qué trataba.
Garriga Vela, a mi derecha, se reía.