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domingo, 20 de mayo de 2012

"Ponme otra de Dry Martina"


La calidad de un swing eléctrico, atractivo y repleto de entusiasmo contagia el teatro de los sueños de Laura. Insausti, quién sabe, soñó de niña, posando en las películas de Súper 8 que su padre le filmaba en los setenta, con triunfar en el Cervantes; 500 personas bailando al compás de su energía, saltándose el guion. Otra vez. Como se lucieron en el Echegaray de colorines.

Fue un momento perfecto, dos horas de una voz sugerente, generosa y vitalista; un puzzle que abandonó el fundido en blanco y negro para mostrar ese intenso tráfico de sonidos de jazz y soul. Hasta country. Sí, todo puede ir a mejor. Algo más, mucho más, aportan estos músicos de sentimiento que triunfarían en un local elegante de Manhattan.
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                              -  Ponme otra de Dry Martina, por favor.

Tarareando aquella canción que solíamos bailar tú y yo
(De su canción Woody)

lunes, 30 de noviembre de 2009

Dry Martina en el Teatro Echegaray

Escenario en el teatro art-decó. Cuando fue cine observé las acrobacias Dirty Dancing (y Loma vio Gandhi). Entro en el Echegaray con titubeo. ¿Y si no me gusta el seguramente brillante trabajo arquitectónico de Paco Peñalosa y Salvador Moreno Peralta? Desaparecen las dudas. Las vidrieras restauradas. El teatro tal y como se concibió en 1931. Dentro, eso sí, todo se ha transformado con eficacia y vanguardia. Butacas amarillas, naranjas y rojas. Ya comienza la función. Dry Martina en concierto.

Tocan endiabladamente bien. Con sumo gusto. Ella (Laura Insausti) canta como una diosa mayor. Y el público interactúa con placer, aunque algo tarde. Swing, retropop, jazz. Un repertorio de versiones y otras canciones muy suyas, como Musarañas u Hoy, conforman un registro musical generoso y agradecido al máximo que irá a más.

La espontaneidad, la acertada elección de los temas y el humor en el directo acentúan un registro musical que nadie debería perderse. Yo, como cantó Laura el sábado por la noche, "me llevé puesto lo vivido"...