Unicaja, ya sin Cabezas, pierde a un emblema, un mito. Alguien de la cantera jugando con la equipación verde desde los 12 años. Un base puro, valiente, con un muy bien de tiro de tres puntos. Carlitos Cabezas quería quedarse en Málaga, pero el Unicaja no le ha hecho una oferta interesante. Suele pasar. Cuanto más tiempo estás en un sitio peor te valoran. La culpa, como siempre, no es ni del jefe absoluto (Francisco de Paula Molina no ha entrado en la negociación), y sí de los mandos intermedios: Juanma Rodríguez y, sobre todo, de Berdi Pérez
, el director general del club.Y ahora llegará un griego, un Saúl o un pivot mercenario y le pagarán una pasta, más que a Carlos. Y cuando juegue contra el Unicaja nos acordaremos que hemos perdido a un base internacional, alguien carismático, un jugador de los que deciden partidos, admirable en su coraje y talentoso.
La próxima vez que vaya al Martín Carpena recordaré cómo se despidió en el 1-1 de las semifinales de la ACB contra el Barça. Levantó la mano derecha y lanzó un beso a la grada. Se fue corriendo al túnel de vestuarios, como tendrían que salir los Juanma y Berdi, inútiles en esta negociación que se enquistó tontamente. Quizá si Molina o el mismísimo Braulio Medel hubiera entrado en juego dando el dinero que se merece el base, ahora estaríamos celebrando la renovación por muchos años de Carlos Cabezas en Unicaja, su equipo de toda la vida al que un día regresará...
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