En sus venas viaja el arte, el periodismo y la poesía. Desde niño, muy niño, vio entrar en su casa a clásicos:
Dámaso Alonso,
Manuel Alcántara,
Pepe Hierro,
Caballero Bonald. Su padre, el pintor
José Lucas, le inculcó la devoción a la cultura. En su hogar familiar se fundían, en un envidiable cóctel creativo, el óleo y las rimas, los periódicos y la conversación literaria.
Me lo encontré en la redacción de EL MUNDO en Madrid en abril de 1999. Él ya escribía de libros en la sección de Cultura. Se interesó por mi anterior destino,
Japón. Intercambiamos opiniones de obras, preferencias periodísticas, confidencias y cañas por La Latina (una noche de primavera junto a
Antonio Soler y
Andrés Neuman).
Recuerdo también un mediodía de julio de 2004, también por La Latina, y luego en el templo de Debod. Me firmó su último libro,
Las máscaras, y corrigió a mano, en bolígrafo de tinta azul, la única errata del texto. En realidad es una palabra que sobra ("alguna"), en la página 15 de su penúltimo poemario que escribió a ráfagas entre París y Madrid.
Hará medio año, en la casa de Mayte y Roberto en Palma, hablamos de EL MUNDO. Apareció el nombre de
Antonio Lucas (Madrid, 1975) y sus
entrevistas en la sección 'En primera fila' de los domingos. "Es de lo mejor que tiene ahora el periódico", coincidimos los tres. En verano ha escrito en la
última página, en el mismo espacio donde publicaba
Umbral. Su prodigiosa agilidad mental la utiliza en su humor, urgente, irónico, sin malicia. Su prosa saborea la tradición valleinclanesca, algo canalla y unos arranques personales, aplazados, muy
nuevo periodísticos.Antonio, Lucas, es toda una lección de periodismo y amistad. Hemos estado un par de temporadas sin tener contacto. Hace dos meses volvimos a hablar. Sigue igual de animado en el espíritu y ajetreado con la sección, pero le sigue robando tiempo a las noches y a los fines de semana. La poesía continúa siendo su única religión.
Raúl del Pozo ha escrito de él: "Lleva en su mochila la
gloria de la literatura (respuesta 25)". Antonio la va encontrando, sin buscarla. Si el talento se alía con la disciplina ya tenemos maestro.
En su estudio ideó
Los mundos contrarios, su último
gran premio, mientras sorteaba llamadas de
Manu Llorente pidiéndole que preparara otra entrevista para el fin de semana. Porque él se siente periodista, reportero. Y poeta, figura.