Tomé un taxi a la sala Vivero, atravesando el erial del recinto Ferial y una gasolinera de diseño ubicada en tierra de nadie. Llegué diez minutos antes del concierto. El local estaba a la mitad del aforo. Luego se llenó. Había dos barras. Una a reventar de gente. En la otra casi nadie pedía. Vi a caras conocidas, compañeras de la Facultad, amigos que había olvidado. Conversación de periodismo, la vida en Málaga y fuera de aquí y el blog de cine de Lorenzo y Gracia Ruiz de Peralta.
La cita era para ver en directo a Chus Heredia, cantante, también con la armónica (buen homenaje a Dylan), y a Pedro González, el batería. Son las almas de Variables, un excelente grupo malagueño que actuaron anoche de teloneros de un simulacro de triunfitos de los que prefiero no escribir para no ensuciar estas líneas.
A Chus le gusta Duncan Dhu y los granadinos 091. Y en Variables se nota. Algunas canciones sonaban a pop duro, pero la mayoría se pueden definir como pop melancólico, con letras escritas por este periodista cántabro-boquerón con voz radiofónica, grave, rotundísima. Una de ellas sacada de un teletipo de la agencia Efe que versa de un rincón perdido de la Europa del Ártico.
Para mí fue una noche de los más variable, más bien escribiría variada. Conocí a gente muy interesante, me reencontré con 2 tipos y con Eva Real, recién llegada de Argentina y Chile, y puse cara a firmas que leo y escucho desde hace años como Raquel y Nieves. También conocí a Edel, amiga de Manolo Jiménez, quien prepara varios documentales que darán que charlar.
La noche acabó tempranito. Amanecía en la parada de taxis del Málaga Palacio.

.jpg)